05/01/2025 0 Comentarios
Primer Coloquio de Discurso Psicoanalítico: Abordaje psicoanalítico del trauma
Viernes 29 de noviembre de 2024 (sólo online) -plataforma Zoom-
Sábado 30 de noviembre de 2024 (sólo presencial). Barcelona
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Sábado 30 de noviembre de 2024 (sólo presencial). Barcelona
El diagnóstico de stress post-traumático con sus características de ansiedad depresiva y efectos sintomáticos está a la orden del día en la actualidad. En la literatura psiquiátrica y psicológica hay diversas propuestas terapéuticas para responder al sufrimiento que producen los traumas. Muchas de ellas son acertadas, sobre todo porque un sujeto traumatizado necesita ser acompañado y escuchado en un momento en que se ve superado por un acontecimiento que agujerea el tejido de sentido que tenía hasta entonces.
Freud indicaba que, para la constitución de un trauma, son necesarios al menos dos acontecimientos, siendo el segundo el que -retroactivamente- hace del primero algo traumático al incluirlo en una lectura. Desde un punto de vista psicoanalítico un síntoma es el efecto de la sobreimposición de algo actual con algo del pasado.
Pero no hay sujeto sin trauma, puesto que los traumas son constitutivos del sujeto mismo. Los acontecimientos reales son la ocasión de dar forma a algo que es estructural.
Hay un primer trauma relativo a la relación del sujeto con el Otro materno, que se produce por la posibilidad de no poder separarse de él y permanecer siendo su objeto, lo que implica la no existencia como sujeto. De allí los monstruos que están en el origen de las pesadillas nocturnas, los ataques de pánico, las ideas de muerte, de destrucción del cuerpo o de fin del mundo.
Pero este primer trauma se articula con un segundo trauma constituyente: el que introduce el padre real, es decir, aquel que es deseante de la madre y se ocupa paternalmente de los hijos. Este padre, hace efectiva la castración simbólica tanto para la madre como para el hijo, consolidando la separación entre ambos. Abre así a la cuestión de la diferencia de los sexos y por ende al deseo sexual. Es amado por ello, pero también es odiado por su carácter castrador y sometedor. Este es su aspecto traumatizante, el que empuja a los hijos a separarse de él mediante sus actos parricidas, que en el mejor de los casos -y es lo más habitual- solo tienen un carácter simbólico.
El final del complejo de Edipo deja como resto una fantasía fundamental que interpreta esos avatares estableciendo un sentido para el sujeto con el que, a partir de entonces, leerá su vida sexual, amorosa y social. Pero los acontecimientos por venir pueden romper el tejido fantasmático, y reproducir los traumas, en ocasiones de un modo aún más dramático. En el caso de las psicosis, las consecuencias pueden ser trágicas, dada la carencia de la función simbólica de la castración que deja al sujeto a merced del Otro materno.
La superación de los traumas requiere una nueva lectura por parte del sujeto, tanto de lo recientemente acontecido como de lo sucedido en la niñez, lo que implica la elaboración de un duelo relativo al vínculo con los padres.
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